Contrainforme sobre la privatización de la sanidad

Todos los ciudadanos deben de saber cuál es la realidad de las propuestas que se están haciendo y las consecuencias de los recortes.

Este contrainforme explica brevemente por qué el modelo de sanidad privada en Cataluña (y quizás se aplique al resto de CCAA) es altamente perjudicial para los ciudadanos.

Acceder al Contrainforme completo:

Tabla comparativa de sistemas sanitarios del Mundo

La tendencia a la privatización supone:

  • una reducción en la calidad del sistema sanitario al no invertir en servicios necesarios aunque “no rentables” como la atención primaria
  • se perjudicaría la salud del paciente en favor del beneficio económico de esas empresas privadas.Los médicos se guiarán por lo que es beneficioso para las cuentas del hospital y las suyas, y no por lo que es beneficios para la salud del paciente
  • incremento del gasto sanitario por parte del Estado (es decir este modelo no sólo no lograría disminuir el gasto sanitario como erróneamente se argumenta, sino que probablemente lo incrementaría).


La salud de las personas no puede ser una variable con la que “jugar” para incrementar los
beneficios y plusvalías de unos pocos, en detrimento de la calidad de la asistencia sanitaria.
La salud no está en venta, es un derecho mínimo garantizado por la Constitución.

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23 respuestas a Contrainforme sobre la privatización de la sanidad

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  2. uno dijo:

    Según este informe que analiza la sanidad en de 30 países europeos España esta en el puesto el 22, Alemania la 6, bélgica esta la 11 y Austria la 4 es decir gana el funcionamiento mixto publico-privado por goleada. http://www.healthpowerhouse.com/files/Index%20matrix%20EHCI%202009%20091001%20final%20A3%20sheet.pdf

    • Recordemos que estamos hablando del sistemas sanitarios, orientados a ser beneficoso para la salud del paciente. El hecho de que en el informe se mida el “Índice del Consumidor” respecto a los servicios sanitarios y no así el índice del paciente o del sistema sanitario, ya índica que son informes de distinta índole y que estará enfocado a la satisfacción del consumidor (que no del paciente) y no a la calidad ni eficiencia del sistema.

      De hecho, que uno de los principales subíndices sea la “Salud online”, dándole un valor muy elevado para calcular el índice indica que el estudio que citas otorga un excesivo valor a una serie de “servicios extras” del sistema sanitario y no en sí a la efectividad del éste.

      Valorando que en España el porcentaje de penetración de internet es del aproximadamente el 80% (ITU, OCDE, Euromonitor, etc), ello indica que alrededor de un 20% de la población no tiene acceso a internet, por no citar que este porcentaje será mucho más elevado entre los mayores de 65 años, uno de los estratos que mayor necesidad y uso de asistencia sanitaria posee (por razones obvias). Por lo tanto dar valor a este índice es priorizar la “satisfación del cliente por la comodidad de usar las TICs” pero no repercute directamente en su salud ya que sin análisis clínico el diagnóstico no será efectivo. Asimismo está omitiendo a gran parte de la población, especialmente a los más necesitados de este servicio.

      No olvidemos que se trata de una necesidad primaria, y no de un formulario de una empresa privada nuestra satisfacción con el servicio.

      Por los mismos motivos el acceso del paciente a la información puede ser un dato curioso, o que mejorar, pero desde luego no es uno de los pilares básicos de una sanidad efeciente y de calidad.

      De igual manera el “tiempo de espera” en ser atendido en sí mismo no es un indicativo, si no se coteja con la calidad de los resultados(con que el diagnóstico sea correcto) y sobretodo con el precio pagado. Un ejemplo sencillo: en EE.UU al ser la gran mayoría de la sanidad privada, el tiempo de espera en el centro sanitario que cubre el seguro médico suele ser breve. Sin embargo se ha denunciado que los diagnósticos, tratamientos o pruebas no siempre son las más eficientes en terminos de salud para el paciente.

      Así que los puntos 1,2 y 3 no parecen relevantes en absoluto en lo que la salud del paciente involucra ni la calidad de la sanidad.

      En cuanto a los puntos:
      4. Resultados
      Se valoran ciertos resultados como “infartos”, pero no se calculan otros mucho más relevantes como: Esperanza de vida, o Mortalidad Neonatal, que pueden mostrar mucho más claramente los resultados de un sistema sanitario.

      Por cierto estos resultados son:
      -Esperanza de vida:
      de los 4 primeros según el ranking de EHCI Holanda (82,7) Dinamarca (81,1) Austria (83,2) Islandia (83,3). Y el de España de(84,9) . Cómo se ve España estaría muy por encima de los 4 primeros países según el estudio de EHCI.
      – Grado de mortalidad neonatal:
      Holanda (2,3) Dinamarca (1) Austria (2,5) Islandia (2,3) España (2,1)

      Y habría otras muchas variables a tener en cuenta para poder dar una valoración un poco más acertada de los resultados. Siempre será difícil valorar esos resultados, pero las variables de EHCI no son representativas.

      5. Uso
      se valoran el número de ciertas pruebas, pero por ese mismo motivo se podrían incluir otras pruebas y tratamientos más relevantes, como radiografías, escaneres, operaciones quirúrjicas, transplantes, quimioterapia, inversión en atención primario, etc.

      Así pues el informe omite variables muy relevantes como gasto sanitario por habitante, y especialmente cobertura médica de la población, etc. Así como no analiza apenas los efectos positivos sobre la salud de la población, por lo que no es un estudio orientado a medir el grado de calidad y de eficiencia del sistema sanitario de un país.

      Sin embargo sí que está orientado a la satisfación del paciente con los servicios extraordinarios de dicha atención como: salud online, teléfono 24h, escaso tiempo de espera para ser atendido, o información del centro, etc.

      Es por tanto un informe del grado de satisfación de un consumidor, no de los beneficios de un sistema sanitario para sus ciudadanos así como su eficiencia y calidad.

    • raquel dijo:

      Depende de quien lo analice y lo que valore…

  3. Pedro dijo:

    a este informe ya hubo respuesta
    José R. Repullo
    Jefe Dpto. Planificación y Economía de la Salud
    Escuela Nacional de Sanidad, Instituto de Salud Carlos III
    Ministerio de Ciencia e Innovación
    jrepullo@isciii.es

    Ya pasó en 2007; cuando estos ingeniosos consultores de Health Consumer Powerhouse lanzaron desde Bruselas la primera edición de esta liga de países europeos que compiten por tener el mejor sistema sanitario; y al igual que entonces, España queda ahora en una posición poco afortunada (el 22 de 33 países). Los holandeses vuelven a ganar la liga; los países de seguro social sanitario (Bismarkianos) vuelven a vencer ampliamente a los sistemas integrados poblacionales (Beveridge) (1)

    Por supuesto que esto inquieta (y molesta). Para empezar, parece que no hace tanto tiempo que estábamos entre los siete primeros del mundo mundial… aquel Informe de la Salud de la OMS del año 2000 en el que Murray y Frenk se metieron valientemente (y metieron a la OMS) en el charco de hacer una comparación planetaria del desempeño de los sistemas sanitarios: poco feliz estuvo nuestra ministra de entonces, Celia Villalobos, al proclamar la excelencia mundial de nuestro Sistema Nacional de Salud. La parte mala de cualquier éxito es que nos lleva a la autocomplacencia.

    Pero lo que nos desconcierta es ver alguna publicación reciente (como el Atlas Europeo de Mortalidad) donde España vuelve a estar en los niveles más altos de salud y longevidad (3); es verdad que nuestra dieta mediterránea obra maravillas, pero incluso cuando miramos las causas de mortalidad evitable con la asistencia sanitaria, parece que el cuadro confirma un buen desempeño (al menos en esto de no morirse que cosa importante parece que es). (4).

    Entonces que pasa: ¿somos los mejores o los peores? Buena pregunta. Y curiosa la pulsión social, mediática y política por esto de las listas y los puestos alcanzados. Vendrá posiblemente de tanta inundación cultural con la liga de fútbol; pero incluso en esto vemos que los resultados de los partidos no son lo único importante (aunque al final es lo que cuenta); los seguidores del Atlético de Madrid solemos decir eso de “jugamos como nunca, aunque perdimos como siempre”).

    ¿Qué hay de cierto o de falso en estas comparaciones?; y en particular de esta del EuroConsumer Index (ECI) que acaba de ponernos en el vagón de cola europeo…

    Expongo algunas ideas sencillas sobre un asunto, que tratado en toda su complejidad nos llevaría mucho tiempo y esfuerzo (sin que tuviera demasiado sentido práctico salvo para expertos y diletantes que disfrutamos con esto de la metodología).

    1- Los sistemas sanitarios son organizaciones complejas y multidimensionales, que devuelven una imagen cambiante según la perspectiva y los valores del observador.

    · Perspectiva: ¿nos interesan más los resultados en salud o la respuesta a las preferencias del paciente?.

    · Valores: ¿Consideramos como positivo el que el paciente pueda cruzar la frontera a usar cualquier proveedor de otro país sin autorización previa y que se lo reembolse el sistema sanitario de su país de residencia? (esto es lo que valora el indicador 1.8, y que coincide en lo que los fundamentalistas del mercado interno defienden en Bruselas).

    2- Para hacer un indicador sintético (listado o ranking), hay que hacer dos cosas que metodológicamente no están bien resueltas:

    · primero: otorgar puntuación al grado de cumplimiento; en el ECI el sistema de semáforos verde, amarillo y rojo es tan fácil de visualizar como insoportablemente leve;

    · y segundo: agregar las puntuaciones de los ítems y dimensiones: aquí un panel de expertos parece haber distribuido pesos en el ECI de forma tan misteriosa como arbitraria; por ejemplo, el peso de “derechos e información de pacientes” y de “e-Health” iguala al de los resultados en salud (al menos yo preferiría estar menos informado y menos interconectado, pero que la efectividad de mi tratamiento fuera mayor…).

    3- Y queda un tercer problema metodológico: el desempeño consiste en relacionar resultados (puntuación) con costes; por ejemplo resultados (numerador) por unidad de coste (costes en el denominador); el mejor desempeño será el que tenga más alto este índice (más resultados para el mismo gasto); al hacer esto, lo que ocurre es que muchos países pobres (por mala que sea su puntuación) se alzan a los puestos de cabeza de la tabla (por la miseria de su gasto sanitario en el denominador).

    · Para evitar esto, se pueden hacer retoques cuantitativos, que en el caso del ECI suponen una especie de tortura matemática sacando raíces cuadradas de los denominadores de gasto y cambiando las escalas de puntuación de los numeradores. Pero no deja de ser arbitrario y escasamente válido.

    · O bien, se pueden usar métodos más solventes como el análisis envolvente de datos (data envelopment analysis), que permite comparar eficiencia relativa en diferentes dimensiones de inputs y outputs; esto es lo que hizo la OMS en el informe 2000, y aunque sea también controvertido, tiene una base técnica más robusta.

    4- A los anteriores problemas, se añaden los específicos de la construcción de los indicadores con los que se miden distintos atributos o dimensiones. Sería muy largo entrar en el debate de los 38 indicadores. Pero podemos comentar algunos de ellos como ejemplo de inconsistencias o dudas sobre su construcción o aplicación:

    · Indicador 1.3: existencia de seguros de malpraxis que permitan compensación fuera del sistema judicial: España suspende, y cuesta entenderlo, al existir un sistema razonablemente amplio de cobertura de estos riesgos de responsabilidad patrimonial.

    · Indicador 1.7: información interactiva con una web o teléfono permanente: España vuelve a suspender, por más que nuestros sufridos médicos, enfermeras y operadores de los centros coordinadores del 112 estén 24h x 7d a una llamada de distancia de toda la ciudadanía.

    · Indicador 2.3: que los pacientes reciban los resultados de la analítica directamente por email: aquí España suspende, pero a mucha honra; no parece sensato que un indicador de calidad del sistema sea que un componente del proceso diagnóstico, como la analítica, que debe interpretarse en un contexto clínico y por un médico, se canalice directamente a pacientes. Otra cosa es que los pacientes tengan acceso a la historia, a la analítica o a cualquier contenido de exploraciones y pruebas; pero este indicador lo que está midiendo como bondad es que le llegue independientemente (y antes) que al propio médico que lo ha indicado.

    · Indicador 3.2: Acceso directo al especialista. No nos vamos a enfadar; hay muchos que defendemos que la atención primaria debe ser la puerta de entrada del sistema, y que la racionalidad técnica lo aconseja, por más que sepamos que las preferencias de los pacientes van en el “barra libre” de especialistas. Aunque generosamente podamos aceptar que es un tema controvertido, por eso mismo no debería formar parte de un indicador genérico de buen desempeño.

    · Indicador 3.3: lista de espera quirúrgica programada menor de 90 días. Cielos!; aquí también nos suspenden, a pesar de tener datos en la web del Ministerio, y un sistema de información consensuado y razonablemente homogéneo y trasparente (salvo Madrid): los 68 días de espera para cirugía del sistema a 30 de junio de 2008, nos debería haber valido al menos un aprobadillo, no el suspenso.

    Epílogo: A pesar de lo anterior, me encanta que juguemos a los indicadores comparados; creo que los sistemas sanitarios, como experimentos naturales, deben mirarse unos a otros, comparase, evitar errores de otros y copiar aciertos. Sin embargo me preocupan los empaquetamientos rápidos de indicadores para fabricar TOPs o Rankings dirigidos al consumo mediático. Entiendo que hay un claro incentivo de estudiosos y empresas consultoras al haber una gran demanda de comparación agregada. Pero hay que tener cuidado.

    Hay indicadores de desempeño que nos pueden ayudar a pensar y a mejorar; otros, por el contrario, sirven más bien para dejar de pensar. Creo que el Euro Health Consumer Index, lamentablemente cae en la segunda categoría. Podemos ahorrarnos su lectura sin que ello nos deje nada importante por conocer; lamentablemente yo ya lo he leído.

    (1) Informe EuroHealth Consumer Index 2009. Disponible en: http://www.healthpowerhouse.com/files/Report-EHCI-2009-090929-final-with… (consultado octubre 2009)
    (2) World Health Report 2000. Tablas estadísticas: Disponible en: http://www.who.int/whr/2000/en/whr00_annex_en.pdf (consultado en octubre de 2009)
    (3) Health statistics – Atlas on mortality in the European Union. Eurostat Statistical Books, 2009. Disponible en: http://epp.eurostat.ec.europa.eu/cache/ITY_OFFPUB/KS-30-08-357/EN/KS-30-… (consultado en octubre 2009)
    (4) Nolte E, McKee M. Measuring the health of nations: analysis of mortality
    amenable to health care. BMJ, 2003, 15 november. Disponible en: http://www.bmj.com/cgi/reprint/327/7424/1129 (Consultado en octubre 2009)

    • Emilio José dijo:

      El problema de estas auditoras es que sirven a sus amos y ponen lo que más les convienen. La honestidad brilla por su ausencia y sirven a unos intereses mercantiles espurios. La lista es larga Deloitte, Arthur Andersen, agencias de rating, etc. Y, todavía, hay personas que les dan credibilidad…

    • Emilio José dijo:

      Por ejemplo, el caso de Holanda es que ha cambiado a un modelo privado y su gasto en sanidad ha pasado del 8% del PIB al 12%… El sistema es más caro, será, también, mejor.

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