La Iglesia ignora la palabra de Jesús: “hundir en el mar a quién haga daño a los niños”

¿Qué pensaría Jesús de la actitud de la Iglesia frente a la pederastia?

Dentro de las propias creencias religiosas, Jesús defendendió a los niños en repetidas ocasiones y condenó a quiénes les hiciesen daño:

“Y  cualquiera  que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en  mí, mejor le  fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de  asno, y que  se le hundiese en lo profundo del marMateo 18, 6

“Dejad a los niños y no les impidáis que vengan a mí,  porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos” (Mt 19,14)

“El que acoge a  un niño como este en mi nombre, me  acoge a mí; y el que me acoge  a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha  enviado” (Mc  9,37). 

Durante varios años hemos visto como nuestros periódicos se inundan de noticias y casos de pederastia. Lo grave no es sólo el denigrante delito, sino la tolerancia con la que algunos colectivos han actuado durante años frente a estos hechos y la falta de condenarlos.

Concretamente la Iglesia Católica es una de las más relacionadas con estos hechos, tanto por los delitos como por no condenarlos con dureza ni poner medios desde el principio. La Iglesia se ha ceñido a las Escrituras para pedir el “perdón” y que se juzgue el “pecado pero no el pecador”, sin embargo, ha omitido cierta parte de las Escrituras: aquella en la que Jesús defiende en repetidas ocasiones a los niños y condena con dureza.

Consideramos una ofensa que una institución que se presupone defensora de los valores cristianos postulados principalmente por Jesús, cometan estos hechos  y que no sean capaces de condenar.

Cuando se crítican este tipo de acciones y declaraciones, suele haber un conflicto que se relaciona con que esa crítica va dirigida hacia las creencias religiosas de alguien.Este argumento es falso y manipulador. Independientemente de quién realice este abuso sexual o incluso de quién lo apoye en sus declaraciones, es un delito y un hecho condenable.

Si Jesús fuese testigo de cómo desde la organización que en teoría expande sus palabras se hace este daño contra “aquellos que son como el Reino de los Cielos” gritaría “¡No me representan!”.

Los Evangelios se acercan más al código civil y los derechos humanos que los representantes de la Iglesia (elegidos entre ellos mismos). Por lo tanto no es la religión cristiana la que no condena, sino los intereses terrenales que dirigen en su propio beneficio instituciones como el Vaticano.

A pesar de las denuncias y los casos de pedofilia durante años, no  fue hasta 2001 cuando se incluyó como “Delito” en el código canónico. De hecho, antes de 2002 había denuncias, pero con escaso eco, que se  resolvían siempre en las diócesis.  La Iglesia intentó protegerse a sí misma y no cumplir con las Santas Escrituras ni con los marcos jurídicos de cada país.

Conscientes  de que se trataba de un delito contra los niños (perseguido legalmente)  así como condenado por Jesús, no se aplicó mayor “justicia” que un traslado de parroquia. O en casos muy  graves, con el traslado de diócesis o  mandado al abusador a las misiones, a Latinoamérica principalmente. con lo que se ponía  en riesgo a más niños en otro lugares.

En  vez de solucionar el problema se tapaba con el riesgo de que volviese a  repetirse como ocurrió con Munich entre otros casos en los 80 .

En vez de “poner una rueda de molino”, la Iglesia encubrió delitos  conocedores del riesgo para esas personas, la pregunta es ¿estaría Jesús de acuerdo con esto?

Asimismo se  trata de un delito por Encubrimiento “cuando se  oculta a los  culpables del delito, los efectos, objetos o instrumentos  del mismo con  el fin de eludir la acción de la justicia”

Un delito que al encubirlo han permitido que más niños hayan sufrido abusos sexuales por pederastas, de los cuales tenían conocimiento pero prefirieron callar.

La Iglesia tenía un protocolo de actuación para los casos de pedofilia, un protocolo que va contra las leyes de los paises y contra las leyes de Jesús. Este protocolo está basado en que la víctima guarde silencio y en se amenaza con la excomunión a las personas que saquen el tema  la luz.

Crimen sollicitationis y Sacramentorum sanctitatis tutela, dos documentos vaticanos secretos para reforzar el encubrimiento de los delitos sexuales del clero. Además en el Código de Derecho Canónico también encontramos la voluntad encubridora de la Iglesia.

El 22 de Diciembre de 2010, el Papa Benedicto XVI condenó la pedofilia aunque por otra parte intentando justificarlo porque podía estar influenciado por el contexto de “mercado de la pornografía referente a los niños, que de algún modo  parece ser considerado cada vez más por la sociedad como algo normal.” (Discurso a la Curia Romana el 20/12/2010)

Asímismo sostuvo que en parte era culpa de los fundamentos ideológicos de los años setenta que veían con buenos ojos la pederastia: “En los años setenta, se teorizó que la pedofilia era algo  completamente conforme con el hombre e incluso con el niño.” (Discurso a la Curia Romana)

Sin embargo, en ningún momento nombró en ese discurso que en el Evangelio se condena tan abiertamente a aquel que dañe a los niños.

No hay contexto ni justificación que valga, pues los derechos humanos se publicaron en 1948, en la mayoría de países se incluyo en el Código Penal en el año 1989 y en la propia Biblia, a la que esta Institución tanto se adhiere, lo condena de forma clara, abierta y crítica hace más de 2.000 años.

Está doble moral, de intenta que las críticas a sus encubrimientos de loas abusos sexuales parezca que son un “ataque a las creencias”  ya existían siglos atrás.

Por citar algunos de los multiples ejemplos, podriamos pronunciar las palabras del descubridor de la circulación menor, Miguel Servet, ferviente creyente de Cristo, en el siglo XVI calificó al Papa y a la curia Romana de “Anticristo” pues hacen exactamente lo contrario a Cristo (Año 1553, “La Restitución del Cristianimo”– fragmento obtenido de la Biografía de Servet, “Amor a la Verdad”)

Citando textualmente: “Las Leyes Litúrgicas son sacrílegas, latrocinioes y mentiras. ¿Quién prestará fé a las imposturas del Papa , ya que él mismo ni cree en lo que hace? A escondidas se ríe de nuestra estupidez y toda la curia romana se ríe igualmente”.

Miguel Servet en el mismo libro admira y enaltece las palbras de Jesús, pero critica con dureza que en nombre de esas palabras se realizasen actos totalmente contrarios ya por entonces. Finalmente fue condenado a la hoguera (por la Inquisición española y la francesa).

La historia no ha cambiado en estos 500 años desde que denunciase que Iglesia ignora las palabras que dice defender. Mientrás que Jesús prefería hundir en el mar a un pedofilo, desde la Iglesia se les ha encubierto y protegido. Una vez más, la cúpula de la Iglesia aplica lo contrario de lo que dijo Jesús, y ataca a los críticos de esta actitud a la “hoguera” tergivensado que atacan una creencia cuando es un delito penal, civil, y de los derechos humanos lo que se condena

Creemos que es necesario que todas las personas sean conscientes, por supuesto de que la pedofilia es un delito contra los derechos humanos, del niño y un acto denigrante, pero que además de ello es un delito condenado por Jesús, figura central de la Iglesia Cristiana. No es así pues la “creencia” la que no condena, sino la institución eclesiástica la que aplica una doble moral e interpretación selectiva de las escrituras.

Hemos visto como las instituciones religiosas se ponía el grito en el  cielo ante la homosexualidad entre otros temas y como miles de personas se echaban a la  calle a defender la “familia”. Sin embargo, no se ha visto ninguna movilización condenado estos abuso sexuales así como el encubrimiento por parte de la Iglesia de estos hechos.

Es mucha la gente creyente que desconocedora de estas palabras, interpreta estas criticas a la Iglesia (como institución) como crítica a sus creencias, cuando nada más lejos de la realidad: fue el propio creador de la Iglesia Cristiana, rara vez en pro de una actitud violenta, el que aconsejó que una persona debería morirse antes de hacer daño a los niños.

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Fuentes:

Vaticano:

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